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viernes, 2 de abril de 2021

Deporte y "echar la culpa al otro"


Hace ya muchos años que el fútbol profesional dejó de ser educativo y modélico para la sociedad en la que vivimos. Miles de niños imitan en los patios de sus colegios lo que hacen sus ídolos futbolísticos. Pero, ¿hasta qué punto lo que ven nuestros hijos en sus referentes futbolísticos es positivo? ¿Es una actividad segura ir a un campo de fútbol?

 ¿Qué repercusiones tendría en la infancia de nuestros hijos y en la sociedad actual si el fútbol (y otros deportes) fueran enfocados de otra manera? Por ejemplo, ¿qué valores estamos transmitiendo a nuestros hijos si constantemente hablamos de los errores arbitrales?

Es fácil comprobar que un porcentaje importante de las tertulias futbolísticas se dedica a mirar con lupa los errores de los árbitros y cómo ha afectado en un sentido y en otro a los equipos. ¿Quién se pone en la piel de los árbitros? Nadie. Ni los jugadores, ni los entrenadores ni los periodistas. Son criticados constantemente hagan lo que hagan. Nunca aciertan. Tengo contados con los dedos de una mano las veces que un árbitro ha salido ovacionado de un campo de fútbol. ¿Por qué esto no se da más a menudo? Y en este sentido, ¿qué mensaje les trasladamos a los más pequeños? Pues que la opción fácil y rápida es “echar la culpa al otro”.

Con este tipo de actitudes y conductas tendemos a reforzar lo que los psicólogos llaman el locus de control externo, es decir, atribuir las causas de lo que nos pasa a elementos ajenos a nosotros. No sé si somos conscientes de que esta manera de ver las cosas nos debilita y nos hace tener menos control sobre nuestras vidas. Deberíamos reflexionar sobre ello y tender a asumir responsabilidades desde la posición de que el árbitro es humano, se puede equivocar, es más, se va a equivocar. Algunas veces te beneficiará y otras veces te perjudicará, pero siempre desde la autocrítica. Considero que hablar constantemente de los árbitros y sus fallos es la opción fácil y la rabieta del niño pequeño. Hoy te perjudican y mañana te beneficiarán. Son humanos y se equivocan.

¿Cómo es un partido de fútbol? Pues parece que el fútbol profesional se está convirtiendo, cada vez más, en batallas donde cada mes se juega “el partido del siglo” o “el partido de la temporada”. Además, el lenguaje que utilizamos subraya estos aspectos: “es un partido a vida o muerte”, “se juegan la temporada”, etc. ¿Sí? ¿Para tanto es? ¿Tanto nos estamos jugando? ¿Por qué hay tanta competitividad?

El campo de fútbol parece ser el lugar idóneo para expresar la rabia y frustraciones acumuladas a lo largo de la semana. Insultar al árbitro, al equipo contrario o, hasta incluso, a jugadores de tu propio equipo está más que normalizado. A nadie le sorprende ver o escuchar esto. Parece que pagar la entrada o el abono de la temporada te da permiso para esto. Y qué decir de algunos cánticos tan poco educativos y carentes de valores (hemos venido a emborracharnos). En las tertulias y debates de televisión y radio, los periodistas pierden los papeles y la objetividad como si les fuera la vida en ello: faltas de respeto constantes, no respetan turnos, no se escuchan de manera activa sino para dar una respuesta, por lo tanto, los debates se convierten en algo estéril. Y qué decir del fútbol base donde cada vez vemos más faltas de respeto y peleas entre padres de niños de apenas 6-8 años.

Con todo este panorama, me planteo hasta qué punto ir a un campo de fútbol es un lugar educativo para un niño. ¿No debería ser un lugar que ayudara a la educación y aportara unos valores que parece no aportar? ¿Y qué decir de los jugadores profesionales que anuncian apuestas deportivas? Al igual que se prohibió hace años la publicidad de bebidas alcohólicas y el tabaco, ¿por qué no se prohíbe el juego online si sabemos que muchos jóvenes caen de manera fácil en sus redes? Lo solucionan con un “apuesta con responsabilidad”. 

Como decía el genial José Luis Coll, “un país habrá llegado al máximo de su civismo cuando en él se puedan celebrar los partidos de fútbol sin árbitros”. Parece que aún estamos lejos de esto, pero no hay que perder la esperanza. Hay que seguir luchando para que el fútbol aporte valores más positivos para nuestros hijos y la sociedad en la que vivimos. Necesitamos más modelos deportivos como Vicente del Bosque, Rafa Nadal o Pau Gasol. 

sábado, 9 de junio de 2018

Beneficios educativos de un campus deportivo para nuestros hijos.

La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendo, textoSi a tu hijo le fascina el fútbol y todo lo que tiene que ver con el balón y la portería, apuntarle a un campus deportivo de verano es regalarle una experiencia de vida que no olvidará nunca. Porque tanto en niños como en adolescentes, los campus solo aportan beneficios ya que, mientras practican el deporte que más les gusta, aprenden mientras se divierten.

A continuación, te detallamos por qué son importantes los campus de fútbol y qué beneficios aportan en la educación de nuestros hijos:

1. Aprendizaje de valores. A través de la práctica del deporte se aprenden un sinfín de enseñanzas y valores positivos muy útiles más allá del campo.

En el fútbol, igual que en otros deportes colectivos, se trabaja en equipo y, en los campus, este es uno de los puntos que más se potencia. El trabajo en equipo ayuda a esforzarse para conseguir el bien común por encima del triunfo individual, algo siempre positivo tanto en el terreno de juego como en la vida.

Además, en los campus de futbol, al estar enfocados de forma muy didáctica, se potencia la solidaridad, el valor del esfuerzo y se aprende a saborear los triunfos y a encajar con deportividad las derrotas. Saber perder es, sin duda, uno de los valores más importantes y más difíciles de enseñar.

En los campus deportivos se hace especial hincapié en ello, gracias a la profesionalidad de técnicos de primer nivel que dinamizan los entrenos y las sesiones diarias y saben cómo motivar a un equipo para transformar una derrota en una oportunidad para mejorar.

Además, otro de los valores más importantes es el de aceptar el liderazgo de un entrenador, confiar en él, en su táctica y aceptar las decisiones que toma en todo momento.

2. Mejora la salud. Con el fin del curso escolar, muchos niños y jóvenes se vuelven ociosos hasta el punto de que es difícil moverlos del sofá. Por el contrario, a través de la práctica del deporte se favorece la salud tanto física como mental.

La práctica de una actividad que motiva, en este caso el fútbol, favorece a la afabilidad del carácter. Los niños están más contentos y satisfechos y, además, su salud física también mejora. El deporte, junto con una alimentación adecuada, hace que tu hijo se desarrolle y crezca en las mejores condiciones.

3. Socialización. Alejar a niños y jóvenes de su zona de confort es, a menudo, más que positivo. En los campus, los participantes no se conocen y se ven obligados a socializar y entablar relaciones.

A través de los entrenamientos y de las actividades paralelas, los asistentes se conocen y hacen nuevos amigos. Conocer a niños y jóvenes de otros colegios y de otras ciudades les abre la mente y les enriquece como personas.

4. Mejora de la práctica deportiva. Los campus de fútbol no son una alternativa meramente de ocio, sino también de aprendizaje sobre el juego. Los niños adquieren conocimientos sobre fútbol, conceptos ofensivos y defensivos, técnica, táctica, posiciones en el campo y toma de decisiones. Al terminar el campus, los asistentes saben muchas más cosas que antes de ir y sus habilidades deportivas siempre mejoran.

5. Diversión. No hay que olvidar que es verano y que el colegio y las obligaciones se han terminado. Por eso, en los campus deportivos los niños y jóvenes se divierten. El objetivo es que aprendan mientras se lo pasan bien, sin que la disciplina sea algo rígido. Los asistentes disfrutan jugando y aprendiendo, algo que a veces con las tareas escolares no se consigue.

martes, 1 de mayo de 2018

Ultima llamada para papás y mamás con prisa para que su hijo futbolero avance a pasos agigantados.


Resultado de imagen de alevin torneo iscar cupEn estas fechas de fin de temporada en deporte base, muchas familias comienzan a pensar en donde jugará su hijo la próxima temporada. Algo que no hace muchos años no ocurría hasta el verano. Normalmente, lo lógico es pensar en que el jugador/a lo haga con sus amigos y donde más a gusto y contento esté, pero con la fiebre de las últimas épocas de los clubes que “mercadean” y “trafican” ofreciendo el oro, el moro y el paraíso, la incertidumbre llega a los papás/mamás que creen que un cambio de aires a otros clubes con más “prestigio”, más “nombre”, más “venta de humo” propicia el salto definitivo hacia el maná del fútbol.


Y hablo de fútbol formativo donde se debe priorizar el juego y una metodología de entrenamiento didáctica y constructiva por encima del resultado, del marcador, y de las divisiones en las categorías.

La paciencia en deporte base debería ser la protagonista por encima de todo. No se dan cuenta, en muchos casos, que dar saltos grandes no solo a nivel físico sino también a nivel de intensidades, de volumen de trabajo, de hábitos de entrenamiento, de adaptaciones físicas y fisiológicas y por supuesto, de adaptación social y cognitiva; va a provocar no un salto adelante sino una posible falta de control, la llegada de la falta de confianza y todo ello estará condicionando una entrada en meseta de rendimiento y crecimiento, una aparición fulgurante de la desmotivación y un abandono prematuro.

Esto último es lo más grave en la antesala de la adolescencia. Un preadolescente desengañado por el deporte es un arma de triple filo.


Papás y mamás, no os dejéis engatusar por la llegada de la incertidumbre provocada por llamadas que prometen posicionar a vuestros hijos en el reino de los dioses futboleros pues ya habrá tiempo para llegar. Siempre quemando etapas y siempre respetando el desarrollo técnico, físico y cognitivo. En el (quizá lejano o no tanto) año 2024 la mayoría de estos niños de fútbol 7 aún no serán mayores de edad. No queramos dar trato evolutivo a un chaval de 10-11 años como si ya estuviera a las puertas del mundial de Qatar 2022.

Para mí son más importantes los pequeños pasos que damos cada día que un gran paso que probablemente nos ayude a un gran avance y que luego, al no mantener ni esfuerzo, ni intensidad ni constancia te provocan un estancamiento o incluso un paso atrás o un abandono. Pequeños gestos cotidianos, a priori insignificantes, son los que dan lugar al hábito o al resultado que pretendemos.

La paciencia es un valor que todos tenemos aunque pocos practiquen ser pacientes. Lo que ocurre es que aunque podamos optar por la paciencia, se vive tan deprisa que todo lo queremos de forma inmediata. No nos precipitemos en la educación de nuestros hijos.


“La gente se apura constantemente por llegar a ningún lado” (Andrés Calamaro)

domingo, 17 de diciembre de 2017

"Insufribles malperdedores y vencedores presuntuosos": La gestión de la victoria y la derrota.


Imagen relacionadaCada fin de semana miles de jóvenes disfrutan practicando el deporte que más les gusta, el fútbol, dirigidos por entrenadores que, con educación y paciencia intentan conseguir el triunfo para su equipo y conseguir ser los primeros al final de temporada. Todo el colectivo que rodea a los equipos, jugadores, entrenadores, directivos y padres, quiere ganar. A todos nos gusta ganar, da prestigio, confirma tus aspiraciones, te hace sentir bien, certifica lo bien que realizas tu trabajo diario, cumples tus objetivos. La victoria satisface a los padres por el dinero empleado en sus hijos durante el año. Pero, a veces, solo pensamos en el triunfo, en ganar por goleada, por cuantos más goles mejor. Casi nunca nos planteamos, en las victorias, que sentirá el equipo rival en la derrota. No pensamos que son niños que están aprendiendo y, nos olvidamos, que están siendo educados a través del deporte que practican.

Para que la victoria no se conviertan en el único objetivo, educadores y entrenadores deben inculcar los auténticos valores de la victoria: el ganador no debe actuar solo en beneficio propio. Cuanto más ayuda al equipo, más se beneficia él mismo. Los ganadores no tienen miedo a perder: aprenden de la derrota. Se esfuerzan y continúan mejorando en lo que hacen, más allá de si consiguen o no la victoria.

El concepto de victoria, entre deportistas y protagonistas en el deporte actual, ocupa un lugar dominante por encima del deseo de jugar. El excesivo afán por el triunfo hace que el fútbol sea discriminatorio, que los mejores participan más y los peores nada. Esta influencia provoca que algunas encuentros dejan un camino donde se ven enfrentamientos humillantes los fines de semana, con resultados escandalosos. La forma de organizar las competiciones y el trabajo de entrenadores y educadores será la base para intentar alejar estos inconvenientes del fútbol.

Aunque en categorías inferiores las goleadas no son extrañas cuando se juega con los clubes con más aptitudes y potencial deportivo, nunca debemos permitir que se llegue al límite de la victoria ofensiva, que el resultado vaya más allá del escándalo, tratando de humillar, al club rival, pero sobre todo a los jóvenes de pocos años que han sufrido esa derrota. Los educadores deben ser los primeros responsables en evitar hechos así, eso debilita la filosofía deportiva. Educar en el respeto requiere convertirnos en una persona que los niños respeten, tomando decisiones que sean respetables y eliminando acciones que no lo sean.


Nuestros jóvenes están acostumbrados a obtener resultados rápidos y, si no se cumplen sus expectativas, se retiran. A menudo nos encontramos niños que si sospechan que van a perder ni siquiera quieren jugar, otros abandonan a mitad de juego. Otros no admiten que la causa de su derrota sea una equivocación suya, una falta de esfuerzo o que el otro ha sido mejor. Tú no puedes controlar si vas a ganar o perder. Pero puedes controlar tu esfuerzo. Si te centras en el esfuerzo, darás lo mejor de ti. Como entrenadores, trabajemos el valor a esforzarnos, cuando un niño lo aprende, durante los entrenamientos, estará más preparado para la competición, y no solo para eso, también estará más preparado para la vida.



NORMAS AMISTOSAS NO ESCRITAS

El fútbol que nos gusta ver es aquel de tres toques seguidos para colocar el pase gol de una jugada bonita, los aficionados quieren un fútbol bien jugado, cada vez más difícil de ver, en una época en la que el resultado pasa a tener una autoridad que aquel que juega bien no interesa si no gana. Es habitual que surjan goleadas, en las competiciones que disputan las categorías inferiores, pero algunos resultados originan malestar general en cualquier ámbito deportivo porque se trata de un «fútbol de formación» en el que el marcador debe ser lo de menos. Los entrenadores debemos hacernos entender, hacer que nuestros niños entiendan las cosas. Es tarea nuestra hacer razonar a nuestros jugadores, eso es formar. Debemos ofrecerle las claves, a nuestro equipo, para afrontar los diferentes caminos, sin gritos, llantos y sin el desgaste emocional de una derrota desmedida, tantas veces sufrida por algunos jugadores.



LA GESTIÓN DE LA VICTORIA

El fútbol es un deporte competitivo por naturaleza, pero a veces trata sin piedad a niños que luchan con todas sus fuerzas, en cada partido, pero que no llegan a poder competir con el rival. Esta competición, en ocasiones, es mal interpretada por los adultos que se relacionan con los chavales y puede complicar la gestión de sus victorias.

Es frecuente encontrarnos niños, y adultos, que ganan y ofenden a su adversario, o que van fanfarroneando por ahí con sus éxitos. Nos burlamos de los rivales, nos colocamos en un lugar diferenciado, queriendo alcanzar mediante esta actuación un lugar de superioridad, un estado de identidad único. Nos dejamos dominar por impulsos inconscientes sin amaestrar, la soberbia y la arrogancia afloran en el grupo o individuo al enfrentarnos a un rival débil. Junto a esta sensación de dominio surge la humillación o el desprecio al rival vencido, lo cual implica satisfacción y una descarga instintiva de poder.

Saber ganar también tiene sus reglas. Igualmente insufrible que un mal perdedor es un vencedor presuntuoso. Lo primero que ha de hacer un vencedor es dirigirse a su adversario deportivo y valorar su juego. No debemos dejar de mostrarles a nuestros pupilos esos raros ejemplos de grandeza humana, la que normalmente acompaña a los deportistas generosos y humildes.



GANAR SIN HUMILLAR

Los niños que juegan en los mejores equipos son elegidos, para formar parte de la élite, porque son mejores que los demás, y ganan muchos partidos con facilidad. El entrenador debe enseñarles a tratar con normalidad este tipo de situaciones, sin faltar al respeto al rival, y más si es ganando por goleada. Les mostraremos que por muchas victorias que consigan no les garantiza una nueva victoria en el siguiente partido, que no conseguirán la victoria por ser mejores, sino por realizar un esfuerzo, que la competitividad sana es necesaria, que si no existiera no habría comparación y los niños no podrían superarse para intentar mejorar.

Es importante que los entrenadores enseñemos mediante el ejemplo. Los valores se transmiten a través de los valores de cada entrenador. Inculquemos a nuestros discípulos la orden de NO humillar, la recomendación general, de NO alardear de la enorme diferencia sobre el equipo rival. No originemos en los equipos rivales, cuando se produzcan situaciones de excesiva superioridad, un maratón de frustraciones. Midamos nuestras abultadas victorias, que nadie vuelva a derramar una lágrima por nuestra culpa, aunque, a veces, llorar es como limpiar un mal recuerdo, para volver a empezar. Que nuestra máxima sea enemiga de “lo más importantes no es ganar, sino humillar al enemigo” o “ganar machacando”, que los resultados NO traspasen la frontera de la humildad, impidamos que el portero rival se agache a recoger el balón de la portería en excesivas ocasiones, evitemos que la vergüenza del resultado de paso a la resignación.

Fomentar resultados abultados, arengar a tus pupilos a que pasen por encima del rival, es algo que sobra en un deporte, a veces, manipulado por padres o entrenadores que buscan la satisfacción personal del triunfo sin importarle las consecuencias. Recuerda que: la humillación es señal de pobreza interior, que ganar sin humillar es tan importante como saber perder, y que al final, una victoria humillante podría parecer una derrota.
 
Fuente: RSD Santa Isabel

martes, 7 de noviembre de 2017

La imperiosa necesidad de humillar al rival en deporte base.

Resultado de imagen de deporte base GOLEADAS HUMILLANTESCada cierto tiempo aparece una de esas noticias de super goleadas en deporte base de fútbol o fútbol sala, que si 35-0, que si 42-1, etc... y cada vez que salen, afloran también los que están a favor y los que están en contra, los que quieren cambiar normas y los que creen que el deporte es eso.

Evidentemente, deporte es ganar, perder y hasta a veces empatar, aquí no hay dudas. Pero ya incluso pensando en el equipo que gana, al que mete 34...¿les sirvió de algo el partido? ¿entrenaron? o en realidad les fue tan sencillo que no tuvieron que esforzarse. Y más que eso, ¿qué pensamiento llevan para casa los niños? ¿los que ganan y los que pierden?

Los que ganan, ellos y sus padres, creen que son los mejores del mundo, ¡malo!, lo peor que le puede pasar a un jugador es creerse bueno. Los que pierden, se van a ir a casa pensando que no valen para esto, ¿van a volver a jugar al año siguiente? ¿van a seguir con ilusión por el deporte? ¿se van a sentir válidos? ¡Son niños!

Para mí estas goleadas no sirven para nada, ni para unos ni para otros, y cuando tenemos 2 ó 3 horas de entrenamiento semanales más el partido, ¿podemos permitirnos perder las dos horas de partido? habla muy mal de nosotros como formadores.

No soy para nada partidario de levantar el pie, de pedir a los niños que dejen de esforzarse, ¡eso es que somos muy malos formadores y no tenemos recursos! Ahí, si que estoy de acuerdo en que no respetamos al rival, además de que estamos diciendo a nuestros niños que son muy buenos y que los rivales son muy malos....

Cambiar las normas para evitar estas cosas es evidente que es una necesidad, y que algo se debe hacer. Pero la clave está en nosotros, en los formadores. Por desgracia no podemos esperar a que trabajen las federaciones, y aún trabajando, aún quitando la diferencia de goles, los niños saben contar.

Como entrenadores, tenemos mil recursos para evitar perder una mañana de sábado jugando una pachanga, lo que pasa es que tenemos que haber, desde el principio, hecho ver a los niños que aquí estamos para aprender, sea fin de semana o sea entresemana. El resultado nos da lo mismo, pero siempre, ganemos o no. Ni podemos echarnos las manos a la cabeza cuando perdemos, ni celebrar victorias como la champions, ni festejar goles cuando para conseguirlos no han hecho el gesto técnico correcto, etc...debemos ser coherentes. Los niños son niños, pero no tontos. Pero... no se le tendría que caer la cara de vergüenza al entrenador/formador/educador de deporte base que ganando por grandísima diferencia sigue pidiendo a sus chicos presión y mejorar el marcador como si un hooligan se tratase?? o a ese entrenador (por llamarle de alguna forma) que no saca a un jugador más de cinco minutos a pesar de ir ganando por más de seis goles porque cree que el niño le puede fastidiar el gol-average??? LA -  MEN - TA -BLE.

¿Herramientas? Infinitas, podemos bajar la defensa, podemos obligar a jugar con pierna no dominante, podemos obligar a tocar todos para hacer gol, jugar con nuestro portero cada vez que recuperamos el balón e iniciar, cambiar las posiciones habituales de todos para que no estén cómodos , jugar a "toque y medio", dos o tres toques, obligar a que haya un 1x1 para que podamos hacer gol, etc... el árbitro no va a pitar falta, pero nosotros podemos sentarlos 2 minutos cuando incumplen una norma o mejor, reforzarlos cuando la cumplen y que sepan siempre el por qué de lo que hacemos.

Un día nos va a pasar que lleguemos a casa y no hayamos sido capaces de evitar ganar 9-0 y que los niños no hayan competido, pero tenemos que irnos fastidiados y anticipar otra situación similar, para que no nos vuelva a pasar, para no volver a dejar de mejorar.

Os aseguro, porque lo he probado, que en ningún momento esto es una falta de respeto al rival, es más, el 90% de las veces el rival ni se da cuenta, ¡bastante tiene ya con atender a su equipo!, y de esta forma ellos también compiten, les sirve y no vamos a machacar su autoestima. No olvidemos, ¡no hay nada más importante que la autoestima de un niño!

En general, todo gira en ver que queremos, formar o ganar. Si queremos formar, como personas, deportistas y jugadores de fútbol, tenemos que aprovechar todo el tiempo que tengamos, premiar el esfuerzo y hacer ver al niño que estamos para aprender. Aprender a jugar al fútbol, aprender a ser deportistas y aprender a ser personas.
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