sábado, 9 de junio de 2018

Beneficios educativos de un campus deportivo para nuestros hijos.

La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendo, textoSi a tu hijo le fascina el fútbol y todo lo que tiene que ver con el balón y la portería, apuntarle a un campus deportivo de verano es regalarle una experiencia de vida que no olvidará nunca. Porque tanto en niños como en adolescentes, los campus solo aportan beneficios ya que, mientras practican el deporte que más les gusta, aprenden mientras se divierten.

A continuación, te detallamos por qué son importantes los campus de fútbol y qué beneficios aportan en la educación de nuestros hijos:

1. Aprendizaje de valores. A través de la práctica del deporte se aprenden un sinfín de enseñanzas y valores positivos muy útiles más allá del campo.

En el fútbol, igual que en otros deportes colectivos, se trabaja en equipo y, en los campus, este es uno de los puntos que más se potencia. El trabajo en equipo ayuda a esforzarse para conseguir el bien común por encima del triunfo individual, algo siempre positivo tanto en el terreno de juego como en la vida.

Además, en los campus de futbol, al estar enfocados de forma muy didáctica, se potencia la solidaridad, el valor del esfuerzo y se aprende a saborear los triunfos y a encajar con deportividad las derrotas. Saber perder es, sin duda, uno de los valores más importantes y más difíciles de enseñar.

En los campus deportivos se hace especial hincapié en ello, gracias a la profesionalidad de técnicos de primer nivel que dinamizan los entrenos y las sesiones diarias y saben cómo motivar a un equipo para transformar una derrota en una oportunidad para mejorar.

Además, otro de los valores más importantes es el de aceptar el liderazgo de un entrenador, confiar en él, en su táctica y aceptar las decisiones que toma en todo momento.

2. Mejora la salud. Con el fin del curso escolar, muchos niños y jóvenes se vuelven ociosos hasta el punto de que es difícil moverlos del sofá. Por el contrario, a través de la práctica del deporte se favorece la salud tanto física como mental.

La práctica de una actividad que motiva, en este caso el fútbol, favorece a la afabilidad del carácter. Los niños están más contentos y satisfechos y, además, su salud física también mejora. El deporte, junto con una alimentación adecuada, hace que tu hijo se desarrolle y crezca en las mejores condiciones.

3. Socialización. Alejar a niños y jóvenes de su zona de confort es, a menudo, más que positivo. En los campus, los participantes no se conocen y se ven obligados a socializar y entablar relaciones.

A través de los entrenamientos y de las actividades paralelas, los asistentes se conocen y hacen nuevos amigos. Conocer a niños y jóvenes de otros colegios y de otras ciudades les abre la mente y les enriquece como personas.

4. Mejora de la práctica deportiva. Los campus de fútbol no son una alternativa meramente de ocio, sino también de aprendizaje sobre el juego. Los niños adquieren conocimientos sobre fútbol, conceptos ofensivos y defensivos, técnica, táctica, posiciones en el campo y toma de decisiones. Al terminar el campus, los asistentes saben muchas más cosas que antes de ir y sus habilidades deportivas siempre mejoran.

5. Diversión. No hay que olvidar que es verano y que el colegio y las obligaciones se han terminado. Por eso, en los campus deportivos los niños y jóvenes se divierten. El objetivo es que aprendan mientras se lo pasan bien, sin que la disciplina sea algo rígido. Los asistentes disfrutan jugando y aprendiendo, algo que a veces con las tareas escolares no se consigue.

martes, 1 de mayo de 2018

Ultima llamada para papás y mamás con prisa para que su hijo futbolero avance a pasos agigantados.


Resultado de imagen de alevin torneo iscar cupEn estas fechas de fin de temporada en deporte base, muchas familias comienzan a pensar en donde jugará su hijo la próxima temporada. Algo que no hace muchos años no ocurría hasta el verano. Normalmente, lo lógico es pensar en que el jugador/a lo haga con sus amigos y donde más a gusto y contento esté, pero con la fiebre de las últimas épocas de los clubes que “mercadean” y “trafican” ofreciendo el oro, el moro y el paraíso, la incertidumbre llega a los papás/mamás que creen que un cambio de aires a otros clubes con más “prestigio”, más “nombre”, más “venta de humo” propicia el salto definitivo hacia el maná del fútbol.


Y hablo de fútbol formativo donde se debe priorizar el juego y una metodología de entrenamiento didáctica y constructiva por encima del resultado, del marcador, y de las divisiones en las categorías.

La paciencia en deporte base debería ser la protagonista por encima de todo. No se dan cuenta, en muchos casos, que dar saltos grandes no solo a nivel físico sino también a nivel de intensidades, de volumen de trabajo, de hábitos de entrenamiento, de adaptaciones físicas y fisiológicas y por supuesto, de adaptación social y cognitiva; va a provocar no un salto adelante sino una posible falta de control, la llegada de la falta de confianza y todo ello estará condicionando una entrada en meseta de rendimiento y crecimiento, una aparición fulgurante de la desmotivación y un abandono prematuro.

Esto último es lo más grave en la antesala de la adolescencia. Un preadolescente desengañado por el deporte es un arma de triple filo.


Papás y mamás, no os dejéis engatusar por la llegada de la incertidumbre provocada por llamadas que prometen posicionar a vuestros hijos en el reino de los dioses futboleros pues ya habrá tiempo para llegar. Siempre quemando etapas y siempre respetando el desarrollo técnico, físico y cognitivo. En el (quizá lejano o no tanto) año 2024 la mayoría de estos niños de fútbol 7 aún no serán mayores de edad. No queramos dar trato evolutivo a un chaval de 10-11 años como si ya estuviera a las puertas del mundial de Qatar 2022.

Para mí son más importantes los pequeños pasos que damos cada día que un gran paso que probablemente nos ayude a un gran avance y que luego, al no mantener ni esfuerzo, ni intensidad ni constancia te provocan un estancamiento o incluso un paso atrás o un abandono. Pequeños gestos cotidianos, a priori insignificantes, son los que dan lugar al hábito o al resultado que pretendemos.

La paciencia es un valor que todos tenemos aunque pocos practiquen ser pacientes. Lo que ocurre es que aunque podamos optar por la paciencia, se vive tan deprisa que todo lo queremos de forma inmediata. No nos precipitemos en la educación de nuestros hijos.


“La gente se apura constantemente por llegar a ningún lado” (Andrés Calamaro)

domingo, 11 de marzo de 2018

Presente y futuro próximo del ciclismo español

El ciclismo español comienza a reordenarse tras la retirada de dos de sus grandes figuras de los últimos años como Purito y Contador. Las esperanzas más grandes a cortísimo plazo están puestas en el vitoriano Mikel Landa.
Ahora mismo gozamos de un presente bastante consolidado y primeras pinceladas de lo que puede deparar el futuro, por eso escogemos a los cuatro posibles sucesores de Contador entre los que está el flamante vencedor de la París Niza 2018. Esto no implica que tengan que ganar forzosamente lo que ganó el madrileño, pero sí que puedan decir muchas cosas en carreras de una semana y tres semanas.

El posible relevo más consolidado. Un ciclista ya contrastado en grandes vueltas tras y tercer puesto en el Giro de Italia de 2015 y su cuarto puesto en el Tour de este año. El vasco se estrenará en 2018 con el Movistar Team, equipo al que llega con la batuta de jefe de filas tras trabajar para otros en Astana y Sky. Y no sólo es indiscutible su gran rendimiento en carrera de una semana. En las de una semana como Burgos, País Vasco o Trentino también ha cantado victorias. Si logra mejorar su rendimiento en contrarreloj debería ser el siguiente español en ganar una gran vuelta.

DAVID DE LA CRUZ


Misma generación que Landa, de 1989, aunque su progresión es algo más lenta, pero segura. El catalán ha demostrado ser un corredor muy solvente en carreras de tres semanas, especialmente la ronda española, donde el año pasado terminó en 7ª posición y ganó una etapa. Este año la caídas mermaron su condición y terminó por abandonar tras una caída en el descenso del Cordal, justo antes de subir el Angliru. Esta temporada correrá en el todopoderoso Sky y le podría tocar trabajar para Froome en el Tour, pero también tendrá su oportunidad en otras carreras donde también ha demostrado su talento.
Su consagración está llegando. Debutó en la Vuelta a España, la primera grande de su corta carrera. Con apenas 23 años su nombre empezó a sonar con fuerza desde que ganó el Tour del Porvenir en 2015, la prueba que descubre a los futuros talentos dentro de la élite. La pasada temporada ha dado un paso adelante en su progresión: terminó 3º en la Volta a Catalunya, sólo superado por Alejandro Valverde y Alberto Contador, fue 8º en la Vuelta a Suiza y en esta pasada Vuelta a España se ha metido en incontables escapadas, donde demostró defenderse bien en todos los terrenos. Los que le siguen desde hace años hablan maravillas de él y su ambición parece no tener límites. Acaba de ganar nada menos que París- Niza realizando una etapa final memorable.



El menos conocido de los cuatro, y el más joven. Tiene 22 años y también acaba de debutar, en la Vuelta, en una grande. Una edición donde se ha dejado ver en varias ocasiones como el día de Sagunto, donde terminó en tercer lugar. Contador, que lo conoce muy bien desde que formaba parte del equipo Fundación Contador Team, habla muy bien de él y lo ha nombrado como su posible sucesor, además de destacar su gran capacidad de recuperar tras los esfuerzos. De hecho, a ambos se les vio en la subida al Angliru, cuando el mallorquín tiró del pinteño durante un buen tramo. La pasada temporada quedó segundo en la Vuelta a Burgos, sólo por detrás de Landa, y su carrera, muy prometedora, no ha hecho más que empezar.

domingo, 17 de diciembre de 2017

"Insufribles malperdedores y vencedores presuntuosos": La gestión de la victoria y la derrota.


Imagen relacionadaCada fin de semana miles de jóvenes disfrutan practicando el deporte que más les gusta, el fútbol, dirigidos por entrenadores que, con educación y paciencia intentan conseguir el triunfo para su equipo y conseguir ser los primeros al final de temporada. Todo el colectivo que rodea a los equipos, jugadores, entrenadores, directivos y padres, quiere ganar. A todos nos gusta ganar, da prestigio, confirma tus aspiraciones, te hace sentir bien, certifica lo bien que realizas tu trabajo diario, cumples tus objetivos. La victoria satisface a los padres por el dinero empleado en sus hijos durante el año. Pero, a veces, solo pensamos en el triunfo, en ganar por goleada, por cuantos más goles mejor. Casi nunca nos planteamos, en las victorias, que sentirá el equipo rival en la derrota. No pensamos que son niños que están aprendiendo y, nos olvidamos, que están siendo educados a través del deporte que practican.

Para que la victoria no se conviertan en el único objetivo, educadores y entrenadores deben inculcar los auténticos valores de la victoria: el ganador no debe actuar solo en beneficio propio. Cuanto más ayuda al equipo, más se beneficia él mismo. Los ganadores no tienen miedo a perder: aprenden de la derrota. Se esfuerzan y continúan mejorando en lo que hacen, más allá de si consiguen o no la victoria.

El concepto de victoria, entre deportistas y protagonistas en el deporte actual, ocupa un lugar dominante por encima del deseo de jugar. El excesivo afán por el triunfo hace que el fútbol sea discriminatorio, que los mejores participan más y los peores nada. Esta influencia provoca que algunas encuentros dejan un camino donde se ven enfrentamientos humillantes los fines de semana, con resultados escandalosos. La forma de organizar las competiciones y el trabajo de entrenadores y educadores será la base para intentar alejar estos inconvenientes del fútbol.

Aunque en categorías inferiores las goleadas no son extrañas cuando se juega con los clubes con más aptitudes y potencial deportivo, nunca debemos permitir que se llegue al límite de la victoria ofensiva, que el resultado vaya más allá del escándalo, tratando de humillar, al club rival, pero sobre todo a los jóvenes de pocos años que han sufrido esa derrota. Los educadores deben ser los primeros responsables en evitar hechos así, eso debilita la filosofía deportiva. Educar en el respeto requiere convertirnos en una persona que los niños respeten, tomando decisiones que sean respetables y eliminando acciones que no lo sean.


Nuestros jóvenes están acostumbrados a obtener resultados rápidos y, si no se cumplen sus expectativas, se retiran. A menudo nos encontramos niños que si sospechan que van a perder ni siquiera quieren jugar, otros abandonan a mitad de juego. Otros no admiten que la causa de su derrota sea una equivocación suya, una falta de esfuerzo o que el otro ha sido mejor. Tú no puedes controlar si vas a ganar o perder. Pero puedes controlar tu esfuerzo. Si te centras en el esfuerzo, darás lo mejor de ti. Como entrenadores, trabajemos el valor a esforzarnos, cuando un niño lo aprende, durante los entrenamientos, estará más preparado para la competición, y no solo para eso, también estará más preparado para la vida.



NORMAS AMISTOSAS NO ESCRITAS

El fútbol que nos gusta ver es aquel de tres toques seguidos para colocar el pase gol de una jugada bonita, los aficionados quieren un fútbol bien jugado, cada vez más difícil de ver, en una época en la que el resultado pasa a tener una autoridad que aquel que juega bien no interesa si no gana. Es habitual que surjan goleadas, en las competiciones que disputan las categorías inferiores, pero algunos resultados originan malestar general en cualquier ámbito deportivo porque se trata de un «fútbol de formación» en el que el marcador debe ser lo de menos. Los entrenadores debemos hacernos entender, hacer que nuestros niños entiendan las cosas. Es tarea nuestra hacer razonar a nuestros jugadores, eso es formar. Debemos ofrecerle las claves, a nuestro equipo, para afrontar los diferentes caminos, sin gritos, llantos y sin el desgaste emocional de una derrota desmedida, tantas veces sufrida por algunos jugadores.



LA GESTIÓN DE LA VICTORIA

El fútbol es un deporte competitivo por naturaleza, pero a veces trata sin piedad a niños que luchan con todas sus fuerzas, en cada partido, pero que no llegan a poder competir con el rival. Esta competición, en ocasiones, es mal interpretada por los adultos que se relacionan con los chavales y puede complicar la gestión de sus victorias.

Es frecuente encontrarnos niños, y adultos, que ganan y ofenden a su adversario, o que van fanfarroneando por ahí con sus éxitos. Nos burlamos de los rivales, nos colocamos en un lugar diferenciado, queriendo alcanzar mediante esta actuación un lugar de superioridad, un estado de identidad único. Nos dejamos dominar por impulsos inconscientes sin amaestrar, la soberbia y la arrogancia afloran en el grupo o individuo al enfrentarnos a un rival débil. Junto a esta sensación de dominio surge la humillación o el desprecio al rival vencido, lo cual implica satisfacción y una descarga instintiva de poder.

Saber ganar también tiene sus reglas. Igualmente insufrible que un mal perdedor es un vencedor presuntuoso. Lo primero que ha de hacer un vencedor es dirigirse a su adversario deportivo y valorar su juego. No debemos dejar de mostrarles a nuestros pupilos esos raros ejemplos de grandeza humana, la que normalmente acompaña a los deportistas generosos y humildes.



GANAR SIN HUMILLAR

Los niños que juegan en los mejores equipos son elegidos, para formar parte de la élite, porque son mejores que los demás, y ganan muchos partidos con facilidad. El entrenador debe enseñarles a tratar con normalidad este tipo de situaciones, sin faltar al respeto al rival, y más si es ganando por goleada. Les mostraremos que por muchas victorias que consigan no les garantiza una nueva victoria en el siguiente partido, que no conseguirán la victoria por ser mejores, sino por realizar un esfuerzo, que la competitividad sana es necesaria, que si no existiera no habría comparación y los niños no podrían superarse para intentar mejorar.

Es importante que los entrenadores enseñemos mediante el ejemplo. Los valores se transmiten a través de los valores de cada entrenador. Inculquemos a nuestros discípulos la orden de NO humillar, la recomendación general, de NO alardear de la enorme diferencia sobre el equipo rival. No originemos en los equipos rivales, cuando se produzcan situaciones de excesiva superioridad, un maratón de frustraciones. Midamos nuestras abultadas victorias, que nadie vuelva a derramar una lágrima por nuestra culpa, aunque, a veces, llorar es como limpiar un mal recuerdo, para volver a empezar. Que nuestra máxima sea enemiga de “lo más importantes no es ganar, sino humillar al enemigo” o “ganar machacando”, que los resultados NO traspasen la frontera de la humildad, impidamos que el portero rival se agache a recoger el balón de la portería en excesivas ocasiones, evitemos que la vergüenza del resultado de paso a la resignación.

Fomentar resultados abultados, arengar a tus pupilos a que pasen por encima del rival, es algo que sobra en un deporte, a veces, manipulado por padres o entrenadores que buscan la satisfacción personal del triunfo sin importarle las consecuencias. Recuerda que: la humillación es señal de pobreza interior, que ganar sin humillar es tan importante como saber perder, y que al final, una victoria humillante podría parecer una derrota.
 
Fuente: RSD Santa Isabel

martes, 7 de noviembre de 2017

La imperiosa necesidad de humillar al rival en deporte base.

Resultado de imagen de deporte base GOLEADAS HUMILLANTESCada cierto tiempo aparece una de esas noticias de super goleadas en deporte base de fútbol o fútbol sala, que si 35-0, que si 42-1, etc... y cada vez que salen, afloran también los que están a favor y los que están en contra, los que quieren cambiar normas y los que creen que el deporte es eso.

Evidentemente, deporte es ganar, perder y hasta a veces empatar, aquí no hay dudas. Pero ya incluso pensando en el equipo que gana, al que mete 34...¿les sirvió de algo el partido? ¿entrenaron? o en realidad les fue tan sencillo que no tuvieron que esforzarse. Y más que eso, ¿qué pensamiento llevan para casa los niños? ¿los que ganan y los que pierden?

Los que ganan, ellos y sus padres, creen que son los mejores del mundo, ¡malo!, lo peor que le puede pasar a un jugador es creerse bueno. Los que pierden, se van a ir a casa pensando que no valen para esto, ¿van a volver a jugar al año siguiente? ¿van a seguir con ilusión por el deporte? ¿se van a sentir válidos? ¡Son niños!

Para mí estas goleadas no sirven para nada, ni para unos ni para otros, y cuando tenemos 2 ó 3 horas de entrenamiento semanales más el partido, ¿podemos permitirnos perder las dos horas de partido? habla muy mal de nosotros como formadores.

No soy para nada partidario de levantar el pie, de pedir a los niños que dejen de esforzarse, ¡eso es que somos muy malos formadores y no tenemos recursos! Ahí, si que estoy de acuerdo en que no respetamos al rival, además de que estamos diciendo a nuestros niños que son muy buenos y que los rivales son muy malos....

Cambiar las normas para evitar estas cosas es evidente que es una necesidad, y que algo se debe hacer. Pero la clave está en nosotros, en los formadores. Por desgracia no podemos esperar a que trabajen las federaciones, y aún trabajando, aún quitando la diferencia de goles, los niños saben contar.

Como entrenadores, tenemos mil recursos para evitar perder una mañana de sábado jugando una pachanga, lo que pasa es que tenemos que haber, desde el principio, hecho ver a los niños que aquí estamos para aprender, sea fin de semana o sea entresemana. El resultado nos da lo mismo, pero siempre, ganemos o no. Ni podemos echarnos las manos a la cabeza cuando perdemos, ni celebrar victorias como la champions, ni festejar goles cuando para conseguirlos no han hecho el gesto técnico correcto, etc...debemos ser coherentes. Los niños son niños, pero no tontos. Pero... no se le tendría que caer la cara de vergüenza al entrenador/formador/educador de deporte base que ganando por grandísima diferencia sigue pidiendo a sus chicos presión y mejorar el marcador como si un hooligan se tratase?? o a ese entrenador (por llamarle de alguna forma) que no saca a un jugador más de cinco minutos a pesar de ir ganando por más de seis goles porque cree que el niño le puede fastidiar el gol-average??? LA -  MEN - TA -BLE.

¿Herramientas? Infinitas, podemos bajar la defensa, podemos obligar a jugar con pierna no dominante, podemos obligar a tocar todos para hacer gol, jugar con nuestro portero cada vez que recuperamos el balón e iniciar, cambiar las posiciones habituales de todos para que no estén cómodos , jugar a "toque y medio", dos o tres toques, obligar a que haya un 1x1 para que podamos hacer gol, etc... el árbitro no va a pitar falta, pero nosotros podemos sentarlos 2 minutos cuando incumplen una norma o mejor, reforzarlos cuando la cumplen y que sepan siempre el por qué de lo que hacemos.

Un día nos va a pasar que lleguemos a casa y no hayamos sido capaces de evitar ganar 9-0 y que los niños no hayan competido, pero tenemos que irnos fastidiados y anticipar otra situación similar, para que no nos vuelva a pasar, para no volver a dejar de mejorar.

Os aseguro, porque lo he probado, que en ningún momento esto es una falta de respeto al rival, es más, el 90% de las veces el rival ni se da cuenta, ¡bastante tiene ya con atender a su equipo!, y de esta forma ellos también compiten, les sirve y no vamos a machacar su autoestima. No olvidemos, ¡no hay nada más importante que la autoestima de un niño!

En general, todo gira en ver que queremos, formar o ganar. Si queremos formar, como personas, deportistas y jugadores de fútbol, tenemos que aprovechar todo el tiempo que tengamos, premiar el esfuerzo y hacer ver al niño que estamos para aprender. Aprender a jugar al fútbol, aprender a ser deportistas y aprender a ser personas.

jueves, 12 de octubre de 2017

Un día nutricional y deportivo correcto

 Resultado de imagen de dia nutricional perfecto 




















7.30 . Me levanto y bebo zumo de un limón en ayunas con una rodaja de raíz de jengibre fresca y otra de raíz de cúrcuma, son antiinflamatorios naturales.
Entrenamiento matinal: 10 minutos de yoga, circuito de ejercicios en casa para activar el metabolismo o pequeña carrera suave de 30 minutos
8:30 . Desayuno: Manzana fresca y un bol pequeño de requesón o yogur natural orgánico con frutos secos naturales y frutas del bosque frescas.
11:30-12:00 .  Infusión de manzanilla con limón ó té verde con limón. Un fruta de temporada, 3 onzas de chocolate negro 85% o un pincho de tortilla pequeño si tengo hambre.
13:30 . Entrenamiento mediodía de 45-60 minutos en la piscina, carrera, bici, etc. alterno cada día.
14:30 pm. Comida: primer plato de ensalada, o verdura cocida, segundo plato de pollo, o pescado a la plancha. Y 2-3 veces a la semana un plato único de legumbres con un poco de todo.
17:30 . Merienda: fruta de temporada, 1-2 onzas de chocolate negro y si tengo mucha hambre, un puñado de frutos secos naturales sin tostar.
19:30 . Si no he entrenado a mediodía, hago un entrenamiento por la tarde corto pero de alta intensidad tipo boxeo, crossfit, etc.
21:30 . Cena: Si no tengo mucho hambre, como una ensalada completa variada, o tengo puré o sopa de verdura ya preparado en la nevera para combinar con un alimento proteico ligero como yogur, huevo duro, tortilla francesa. Si tengo hambre, como primer plato de verdura cocida y segundo de carne o pescado a la plancha alternado con la proteína de la comida.
23:45 . Si me entra el "gusanillo" antes de ir a dormir, me hago una infusión de jengibre y limón, o de rooibos con cáscara de naranja y canela. Y si aun así no se me pasa, me tomo un vaso de leche con cacao. Antes de dormir: 10 minutos de ejercicios hipopresivos y 5 minutos de yoga para desconectar y descansar bien.

 Más trucos:

1. Tengo siempre a mano frutos secos naturales como: nueces, almendras o pipas naturales sin tostar.
2.  Bebo mucha agua con zumo de limón natural. Me hidrata, es diurética y antiinflamatoria y me gusta el sabor ácido.
3. No paso de 3 onzas de chocolate negro 85% al día.
4.  Evito tomar pan salvo en días especiales y preferentemente en el desayuno. Cuido mucho el tipo de carbohidratos que como, apenas pruebo la pasta y afortunadamente no me gustan las galletas, bollería, pasteles, etc.
5. No suelo beber alcohol, es que no lo tolero por genética. En los días especiales si me gusta un vasito de vino tinto para disfrutar de la comida con familiares y amigos.
6. Bebo muchas infusiones diferentes a lo largo del día. Me calman la ansiedad, hidratan y evitan otros picoteos por ansiedad.
7. Me doy los caprichos los fines de semana porque tengo más tiempo para entrenar y quemarlos. Y porque siento que me los he ganado. Si he ido 3-4 horas a rodar con la bici de carretera el domingo por la mañana, me tomo un buen arroz y un helado. Disfrutando y sin mala conciencia. Si he ido a cenar y me he puesto las "botas", al día siguiente entreno en ayunas unos 45-50 minutos, y durante un día o dos, controlo lo que como hasta que la báscula vuelve a marcar mi peso normal.
8. Me peso una vez a la semana, los lunes. Y si he engordado, me pongo a "dieta" hasta que pierdo el kilo o par de kilos que me sobran. Generalmente, no tardo más de una semana si entreno bien, no tengo ansiedad.  
9.  Mi peso varía de invierno a verano. No sé por qué, pero en verano peso 3 kilos menos y tengo 1 talla menos. Me da rabia, porque aunque me cuide comiendo y entrenando, empiezo el año en enero con 3-4 kilos de más. Así que lo he aceptado y mientras que siga perdiendo los kilos y la grasa cuando llega el calor, no me agobia.
10. Entrenar en ayunas me va bien sólo un día a la semana, que los entrenamientos de alta intensidad son los que me ayudan a perder grasa y que cuando entreno para hacer maratones peso más porque retengo más agua y glucógeno en los músculos.

miércoles, 9 de agosto de 2017

El día que Bolt nos dijo adiós





Resultado de imagen de bolt dice adiosLos grandes campeones, como dicen de los sabios, de los héroes de las tragedias, saben cuando su llama se apaga y deben despedirse de lo que más quieren, y buscan ese momento. Intentan avivarla hasta el último segundo, pero, como intuyeron las noches sin sueño, la derrota les espera. Ninguno se salva. Ni siquiera Usain Bolt, que no ganó su última carrera, el 100m de los Mundiales de Londres. Ningún gran campeón del deporte ha sido capaz de dejarlo para siempre desde lo más alto. El tiempo, el peso del pasado, ellos mismos en nombre de rivales inesperados, les pueden siempre.

Bolt, en su apogeo dueño de la historia, de la física, de la velocidad y hasta de los rayos que asustan los días de tormenta, sucumbió en la pista de Londres. Su derrota tuvo el sonido de una poesía triste, la que rima con el ganador, Justin Gatlin, la sombra del sprint, con los abucheos que en la más sonora demostración de la capacidad de la masa humana de pasar de la exaltación y el gozo al llanto le dedicó el clamoroso público que abarrotó el Estadio Olímpico de Londres, vestido de verbena para la fiesta, cuando en las pantallas gigantes, tras unos largos segundos de espera y expectación, apareció el nombre de Gatlin, el viejo de 35 años y el pelo canoso y el chicle en la boca siempre, el menos deseado, como campeón, junto al tiempo de su triunfo, 9,92s. El invierno ha llegado, duro, para el atletismo.

Debajo del de Gatlin no apareció el nombre de Bolt, quien después de su mala salida habitual había laborado y sufrido para recuperar los metros perdidos y el tiempo que huía delante y se le escapaba más veloz que él por primera vez en su vida, había llegado a igualar a Gatlin, y hasta parecía que le había superado, tan grande era el deseo, sino el de Christian Coleman, el joven que llega, el chaval de 21 años que aún confiesa que para mejorar unas centésimas sus tiempos asombrosos (este año ha sido el más rápido del mundo, 9,82s) debería de dejar de comer las gominolas agridulces de Sour Patch Kids, su vicio. Coleman, el otro gran derrotado de la noche fresca londinense, a dos centésimas de Gatlin (9,94s), una menos que Bolt, tercero, por primera vez en su vida de atleta de 100m, una década, su último día (9,95s, al menos su mejor marca del año).

Hace un año, desde la altura de lo más alto del podio olímpico de Río de Janeiro Usain Bolt, el más grande del atletismo, tuvo el valor de anunciar que se retiraría en el Mundial de Londres, de donde se iría con su última medalla de oro. No hay gran campeón que no sienta el sabor amargo de la derrota, sin el dulce de las chuches que engañan, acechando que le impele a decir adiós ya. Bolt quizás lo sintió en Río, pero seguro que lo notó más fuerte que nunca unos instantes antes de comenzar la semifinal. La gente le aplaudía rabiando, como siempre, feliz, y él, con una mirada casi melancólica, las zapatillas purple & gold brillando en sus pies tan grandes, se acercó al centro de la recta y saludó. Menos de un minuto después, Coleman, 10 años más joven, 20 centímetros más bajo, un estajanovista del sistema del atletismo universitario de su país en la Universidad de Tennessee, le derrotó por primera vez en la tarde. Era la sexta derrota en la carrera del más grande. Anticipaba la última, la que le marcará para siempre, la inevitable e irrebatible. Unos minutos antes, en la pista de calentamiento, Gatlin, con la mirada siempre tirando a amargada y con un gorro de paseante de patio carcelario, correteaba por el césped mientras Bolt bromeaba haciendo fotos. Tímido en el fondo, el norteamericano no sabía cómo acercarse y lo hizo a lo bruto, chocando contra él por la espalda, como un compañero de instituto. Bolt se volvió, le reconoció. Sonrió y estiró la mano, los nudillos que chocó con los suyos Gatlin. La serie triunfante del jamaicano iniciada en agosto de 2008 (ocho oros olímpicos, 11 mundiales: un recorrido sin mancha) estaba a punto de acabar.

En el atardecer oscuro, todo eran presagios. Antes de la prueba, en la interminable tarde del estadio, esprintó un striker, tatuado en el pecho bien grande su mensaje, Peace & Love. Después de driblar a un segurata, fue reducido entre abucheos. Un ensayo de lo que sucedería poco después cuando Gatlin derrotó a Bolt por segunda vez en su vida, cuatro años después de la primera, la victoria cuyo deseo le mantenía vivo.

Justin Gatlin, de 35 años, fue lo que se llamaba el atletismo de antes de Usain Bolt. Campeón olímpico de 100m en Atenas 2004 y de 100m y 200m en el Mundial de Helsinki 2005, en 2006, dio positivo por segunda vez en su carrera. Estuvo suspendido cuatro años y regresó en 2010 más rápido que antes, cuando la testosterona le aceleraba. Fue el más duro rival del jamaicano en los Mundiales de Moscú y Pekín, donde Bolt ganó con su aliento caliente en la nuca. En Londres, el 5 de agosto de 2017, Gatlin le ganó por fin. El pasado ha regresado al atletismo como una venganza.

Gatlin sorprendió a Usain Bolt logrando el oro en los 100m de los Mundiales de Londres. El estadounidense se impuso en la final y el jamaicano se despidió en Londres de los 100 metros lisos con una medalla de bronce.

Usain Bolt salió retrasado, como es habitual, pero su remontada esta vez se quedo corta y no le valió para sumar el oro a los 12º que ya tenía en el palmarés. Sí lo hizo Gatlin, que también tuvo que ganar posiciones, y enmudeció al estadio cruzando la meta primero con 9,92s, por delante de su compatriota Coleman, que fue plata con 9,94 y del jamaicano, que solo pudo ser tercero (9,95s).

“Son cosas que pasan”

Con más lentitud y quizás con una carcajada fingida, detalles de gran actor, Usain Bolt se despidió (hasta que dentro de una semana corra el relevo) de la pista con una serie de posados con las bañaderas británica y jamaicana, y el público coreaba su "yusain bolt" con el ritmo de deseo y honor con el que se aplaude al equipo de fútbol que sufre una derrota honrosa o épica. Y si, por primera vez en 10 años, no pudo presentarse ante la prensa como campeón del mundo, no perdió la habilidad para manejarse con elegancia y grandeza. “Son cosas que pasan”, dijo el jamaicano, de 30 años, antes de dedicar todo su calor a Londres y al público que le admira. “Gracias, Londres, por tanto amor y si estoy decepcionado es porque hoy habríais merecido algo mejor de mí, pero así es la vida. Hice lo que pude pero la mala salida me ha hundido. Normalmente siempre mejora a lo largo de la competición, pero esta vez, no. Y es lo que me ha faltado. Lo demás estaba ahí”.
Powered By Blogger