lunes, 27 de julio de 2015

La Revolución Industrial Deportiva actual

Cada día me parece más claro. Estamos en plena Revolución Industrial Deportiva en España. Sorprendentemente el auge brutal del deporte popular de forma espontánea en este país ha ido paralelo a la crisis económica que sigue acechando cada ciudad y cada pueblo de nuestra geografía. La aparición de tal crisis económica fue sumando y agregando de forma rigurosa militantes al deporte popular, al deporte espontáneo, al deporte creativo y a la actividad física recurrente y adaptable al status social de cada cual y de cada uno.

Sin entrar en aquella frase de "Hola soy Español a que quieres que te gane" que nos ha hecho sentirnos creciditos con las victorias de Nadal, Gasol, Belmonte o las selecciones de deportes colectivos, el ciudadano medio español ha decidido pasar a ser protagonista y capitán del destino de su salud y cultura física.

Según el CSD, cerca de 17 millones de personas mayores de 14 años, hacen deporte en España. Con la fiebre del running y del padel, desde 2005 hasta 2015, la práctica deportiva de la población española entre los 15 y los 65 años, ha subido 9 puntos porcentuales. Un incremento que no es otra cosa que una gran noticia para salud presente y futura de nuestro país.

Hace cinco años, las actividades estrella por autonomasia se centraban en los gimnasios mediante actividades como pilates, yoga, spining y demás actividades aeróbicas y de cardio de bajo impacto. Sin que haya descendido el incremento en estas actividades, sorprendemente, el running y el padel les han superado. La cultura física ha crecido, la motivación y el interés por la práctica deportiva casi se ha duplicado en cinco años pero también se ha elevado de forma exponencial la preocupación,la apuesta y la inversión en salud, nutrición y prevención. Quizá España haya llegado a la mayoría de edad en deporte-salud, dejando atrás la etapa de la cultura deportiva basada en el 'Marca' o en el 'As'.

La irrupción de esta motivación social, no sé si espontánea o basada en un porqué, puede ser paralela a la llegada de mayor información sobre salud, la creación de instalaciones y material deportivo más accesible y entendible, la constante aparición de la interconexión en redes sociales de eventos y plataformas de salud y deporte. Es una auténtica REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DEPORTIVA.

La autopercepción de la estética, del peso y del sobrepeso está ayudando mucho en esta revolución junto al entendimiento de que la salud solamente llega a través de las vías de la actividad deportiva, de la nutrición y de la prevención.

Mucho está ayudando también que haya posibilidades de práctica de forma desinstitucionalizada, es decir, por parte propia, con amigos, con grupos informales; nada de federaciones y sin demasiado carácter competitivo. Es el deporte del reto personal basado en desafíos sociales de salud, de entretenimiento y, de, al fin y al cabo, felicidad deportiva.    

viernes, 17 de julio de 2015

Longevidad de los deportistas de resistencia vs. "resto del mundo"



De todas las cosas que se cuentan de los ciclistas profesionales, hay al menos una de la que se pueden sentir orgullosos realmente, la constatación de que, en efecto, el suyo es un oficio del pasado, un deporte antiguo, lento y moroso de desarrollo, anacrónico en esta época ciberglobalizada.

Tan antiguo, tan antiguo que, según numerosos estudios sobre los efectos de la actividad física sobre el envejecimiento y la salud, es la vida de ciclista (y también la de maratoniano, la de triatleta y la del esquiador de fondo, o cualquier deportista de resistencia) la que más se asemeja a la del ser humano del paleolítico, o sea, al modo de vida que nuestro organismo sigue considerado el ideal. Haber corrido el Tour o varios maratones es sinónimo de longevidad. Las prácticas de resistencia son mejores que las de potencia para este efecto. El ejercicio de resistencia extenuante aumenta la esperanza de vida: lo llevamos en los genes.

Durante siglos, la creencia popular ha sido que el deporte de competición era malo para la salud y reducía la esperanza de vida. Los fisiólogos del ejercicio han llegado a la conclusión contraria: es más probable que viva más años quien en su juventud ha participado en alta competición deportiva, y cuanto más de resistencia sea la especialidad, más aún.

"Genéticamente, los habitantes del siglo XXI seguimos siendo ciudadanos del paleolítico, así que los que un estilo de vida más activo lleven, más vivirán", dice Alejandro Lucía, catedrático de Fisiología de Universidad Europea de Madrid. "Menor riesgo de enfermedades crónicas sufrirán, como lo prueban los deportistas de resistencia".

En el paleolítico, el ser humano cazador-recolector se pasaba el día corriendo, en movimiento, y tenía un gasto energético cotidiano de más de 3.000 calorías y su ingesta alimenticia era similar, con lo que la obesidad no existía. Mientras, en la sociedad actual, tan sedentaria, nuestro gasto medio es de solo el 38% respecto al paleolítico, y seguimos consumiendo 3.000, con lo cual la obesidad es inevitable.

Se dice que el deporte de élite no es sano, pero ¿cuál es la evidencia científica que sustenta tal afirmación? ¿Viven menos los deportistas de élite?. Los datos publicados parecen indicar que los deportistas de élite que han practicado pruebas de resistencia viven de uno a cuatro años más que las personas de edad comparable y similar lugar de nacimiento. En cambio, los deportistas que practican deportes de potencia (lanzadores, levantadores de pesas) tienen menor expectativa de vida.

Se ha sugerido que la disminución de la expectativa de vida de algunos deportistas en el pasado pudo estar relacionada con el dopaje. Entonces: ¿es malo o no el deporte de élite? Los ancianos que fueron deportistas de élite en disciplinas de resistencia tienen más riesgo de sufrir fibrilación auricular (tipo de arritmia). En cualquier caso, es mucho más peligroso para la salud y la calidad de vida no hacer deporte que practicar una hora de ejercicio cada día.

En el paleolítico se modeló nuestra huella genética, y los ciclistas, que son unos exagerados, miles de años después no solo la mantienen, sino que la han corregido para aumentarla. "Durante una etapa del Tour un ciclista puede gastar hasta 6.000 u 8.000 calorías", dice Alejandro Lucía. "Por mucho que coma es muy difícil, claro, que recupere lo gastado, así que acaban el Tour en los huesos". Muy delgados, y a la vez muy sanos. Tan sanos que, según un estudio llevado a cabo a por el departamento de Fisiología de la facultad de Medicina de la Universidad de Valencia, ser corredor del Tour es sinónimo de longevidad y calidad de vida. Ejemplo claro es el de Federico Bahamontes, el ganador del Tour del 59, enhiesto y vivo como un chopo, sano como un toro, llevando una vida plena en todos los sentidos a los 82 años.

El resultado es espectacular. Mientras el índice de supervivencia de la población general es del 50% a los 73,5 años, casi el 70% de los participantes del Tour aún estaban vivos a esa edad, y el índice del 50% lo alcanzaban a los 81,5 años, lo que significa, según los autores, un 17% de incremento en longevidad media.

En un estudio genético con 100 deportistas de fondo (maratonianos de élite, ciclistas profesionales) y 100 personas sanas como grupo de control, se observó que los dos grupos tenían el mismo genotipo en lo referente a enfermedades (aunque, el estudio estaba limitado a solo 33 polimorfismos). En efecto, no hay evidencia de que los mejores atletas de resistencia del mundo estén predispuestos genéticamente para tener menos enfermedades. Así, la asociación entre esperanza de vida y práctica del deporte de fondo no está inflenciada por la selección genética, si no es la genética, es necesario, por tanto, hablar de estilos de vida: parece que los ex-atletas fuman menos, beben menos alcohol y tienen una dieta más saludable. Y también se mantienen físicamente más activos, siguen practicando ejercicio, lo que sí que está ligado con una vida más larga: no hay duda de los beneficios para la salud que suponen una vida activa: niveles de forma cardiorrespiratoria de moderados a altos producen un pronóstico muy favorable sobre el riesgo general de enfermedad y muerte. Y eso incluye a enfermos de diabetes, de síndrome metabólico y cáncer.

jueves, 9 de julio de 2015

Gestión del error en la actividad deportiva

"Aprender de tus errores te hace inteligente; 
aprender de los errores de los demás, te hace un genio"

Hay situaciones durante la competición en las que el deportista en lo único que piensa es en “no fallar” la acción técnica que tiene delante. Este pensamiento, aparentemente correcto, puede tener consecuencias muy negativas sobre la actitud y concentración del jugador. Aquí es donde el mayor nivel de inteligencia emocional va a ayudar a gestionar de mejor forma no sólo ese error sino también como asumir posteriormente sus consecuencias.

Errores de concentración: Cuando el jugador está centrado en “no fallar”, la mente está pensando en el fallo. Ejemplo: Si yo le digo: “no pienses en un coche amarillo”. ¿En qué pensó? Lo más probable es se haya imaginado un coche amarillo. La causa es que el deportista no está indicando a la mente lo que tiene que hacer, sino lo que no tiene que hacer.

Se llama inteligencia emocional a la capacidad de controlar las emociones para poder ser lo más productivo posible en la actividad que estemos realizando. Esta capacidad cada vez es más relevante en el ámbito deportivo. Se sabe de la importancia de la actividad física como efecto antidepresivo pero aún no se acaba de sacar rendimiento suficiente a la inteligencia emocional para la mejora del éxito deportivo.
Hablando de emociones, lo ideal en el deporte es el control sobre ellas para conseguir el adecuado equilibrio que nos pueda hacer perder el control ante la situación que tengamos que afrontar. El psicólogo americano Goleman afirma que las personas que tienen que luchar con mayores batallas emocionales tienen menor capacidad de concentración y de pensar con claridad, por lo que son menos eficaces en su vida diaria.

La inteligencia emocional está formada por cuatro habilidades:

a) La habilidad de reconocer nuestras emociones para saber etiquetarlas y ponerles nombre.

b) Ser capaces de producir emociones que faciliten el pensamiento.

c)  Entender nuestros cambios emocionales.

d) Dirigir y manejar las emociones tanto positivas como negativas. 


Si somos aptos en estas cuatro habilidades podemos considerar que tenemos todos los instrumentos para conseguir el éxito en la vida tanto en el ámbito laboral como en el académico y en el deportivo.

Tradicionalmente, los programas de preparación del deportista para el alto rendimiento han concedido mucha más importancia al progreso técnico y a la mejora de la forma física que al desarrollo de los factores psicológicos. Sin embargo, las múltiples exigencias de la competición, el elevado nivel de compromiso personal y la necesidad de rendir siempre al máximo han hecho que la preparación psicológica del deportista se convierta en algo tan necesario como puedan serlo la
preparación física o la preparación técnica.

La Inteligencia Emocional y el Deporte están íntimamente relacionados, hasta tal punto que muchas de las técnicas de relajación, concentración, visualización son compartidas y, así, cada vez más, los clubes, las federaciones e incluso los entrenadores están contando más con profesionales para que implanten estas técnicas y mejorar así el rendimiento de los deportistas. 

Esta aparición de la inteligencia emocional en los deportistas puede provocar menos bajas deportivas, aumento del rendimiento deportivo y menos abandonos en plena competición, lo que hace que sea motivo de interés de estudio tanto para el mundo deportivo como para la sociedad en general.

Las emociones producen una alteración fisiológica en el organismo donde cada una juega un papel especial modificando la realidad presente. Nuestro cerebro recoge la experiencia, comparando y asociando lo que pasa en el presente con situaciones pasadas emitiendo una orden para actuar de la misma manera conocida. La memoria explora lo que ocurrió en el pasado con lo que pasa en el presente. Sólo basta que algunos elementos sean percibidos y asociados para despertar reacciones que fueron grabadas tiempo atrás.

Las emociones, inducidas por componentes neuro-químicos, producen cambios psico-fisiológicos que alteran las funciones respiratorias, cardiovasculares y otras respuestas corporales. Todo esto te pasa en milésimas de segundo sin que te des cuenta ante situaciones de peligro. Imagínate con todo ese cambio físico interno cómo puedes estar concentrado y listo para el juego. En el deporte ponemos en juego nuestras habilidades para obtener resultados, pero muchas veces las aplicamos mal, dejando que la emoción nos inhiba en la acción.

Por todo esto, el manejo de situaciones es un entrenamiento importante de todo deporte, tanto de riesgo como de competencia y tenemos que aprender a trabajar con ellas para saber diferenciarlas. Tener una visión clara, y poder trabajar sobre la realidad presente ante nuestras limitaciones, admitiendo el error humano y trabajando sobre ello.

martes, 7 de julio de 2015

La grandes diferencias entre 'Cancellaras' y 'Neymars'

La gravedad de la lesión vertebral está dada principalmente porque en su interior, la columna vertebral encierra el tallo medular y éste se puede lesionar, ocasionando graves secuelas que pueden ser irreversibles. Felizmente, éstas son de menor frecuencia comparadas con aquéllas que afectan sólo el aparato osteoligamentoso de la columna vertebral. Parece que esto es lo que le ha pasado al 'rodador' suizo Fabian Cancellara. Tras la espectacular caída en la tercera etapa del Tour, el veterano ciclista que portaba el maillot amarillo, completo más de cincuenta kilómetros con dos fracturas vertebrales en zona lumbar. Parece un tópico que un ciclista a pesar de tener un hombro dislocado, una mano fracturada o como en este caso, dos vértebras dañadas, tire de pundonor, sacrificio y una sobredosis de control mental e intente acabar su trabajo diario. 

Las comparaciones son odiosas, sobre todo desde el punto de vista técnico, pues el cíclico pedaleo de Cancellara sentado en su sillín no tiene que ver con acciones más acíclicas y de esfuerzos biomecánicos más complejos como se pueden encontrar en deportes colectivos. Pero el tema no es ese, sino el del autocontrol y conocimiento mental y corporal, el de saber sufrir, el "antiteatro" e ir en contra de la "sobreactuación" deportiva.

Esos deportistas que al leve contacto de un rival se dejan caer y empiezan a rodar sobre si mismos y se llevan las manos a la cara pidiendo ayuda celestial e incluso médica y fisioterapéutica, mientras entre los dedos de sus manos intentan ver la reacción arbitral para sacar beneficio y para que un rival, compañero de trabajo, sea sancionado impunemente, esos deportistas (profesionales) viendo ayer la acción de Cancellara se les debe caer la cara de vergüenza, del mismo modo que aquellos que no son capaces de completar su tiempo de juego en el campo por un golpecillo en el gemelo.

No son comparables, insisto, unos deportes y otros, por sus esfuerzos, por sus significados sociales, por las repercusiones mediáticas, por el respeto entre deportistas, pero si comparamos profesionalidad la distancia es galáctica y el ciclismo es mucho más pariente del rugby que de un fútbol que, en este aspecto, tiene mucho que aprender.
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